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viernes, 23 de mayo de 2008

Naturaleza infiel, de Cristina Grande

El pasado martes 20 de mayo tuvo lugar en el forum de la Fnac la presentación del nuevo libro de Cristina Grande, titulado Naturaleza Infiel. Como yo no pude ir debido a los odiados exámenes universitarios, hago un "copia-pega" del blog de mi hermano Carlos, y de paso recomiendo a todo el mundo la lectura de este libro, de una de las mejores escritoras de Aragón:

20 de mayo. Estaba sentado yo solo, en un rincón al fondo del forum de la Fnac. Empecé a ver entrar gente que reconocía: Ismael Grasa, José Antonio Labordeta y, por supuesto, Cristina Grande. A las 7:30 comenzó la segunda presentación de Naturaleza infiel de Cristina Grande en Zaragoza, y ella se sentó entre su editor e Ismael Grasa.

Aún recuerdo cuando Cristina vino hace dos años a presentar en mi pueblo su libro de relatos Dirección Noche, y su editor bromeó con que estaba esperando a que se decidiera a escribir una novela, pues los relatos no le daban para comer. Al fin esa novela llegó en marzo: Naturaleza infiel, una novela, según su editor, “llena de expectativas hace dos meses y de hechos ahora”, pues ya se está preparando su segunda reimpresión.

Ismael Grasa comparó la lectura del libro con oler un rosal, pues sales lleno de arañazos pero con el placer de haberlo olido. Hizo referencia a varios fragmentos del libro que caracterizaban la historia de Naturaleza infiel. Mencionó su humor negro en el fragmento en que Renata, la protagonista, se ve incapaz de llorar ante la muerte de su abuelo, aunque llora desconsolada cuando se entera de que Nino Bravo se ha matado en un accidente. También mencionó como característico el fragmento en que, durante una mudanza, sacan el colchón de la protagonista a la calle y ella casi se muere de vergüenza cuando se da cuenta de que todo el mundo está viendo la mancha de su primera menstruación. O cómo cambia la vida de las protagonistas la llegada del lavavajillas a su casa.

Muchos han considerado esta primera novela de Cristina como un fiel reflejo de la sociedad de los 80, aunque ella reconoció que esa no era su intención al escribir el libro, y que simplemente lo situó en esa época porque era la que ella había vivido.

Fue José Antonio Labordeta el que le preguntó para cuándo el próximo libro. Cristina dijo que lo estaba preparando, aunque reconoció que es “de destilación lenta”. Pues mientras esperamos podremos releer cualquiera de sus dos magníficos libros de relatos, La novia parapente y Dirección noche, o esta última novela, Naturaleza infiel.

Matilde nos anunció la muerte de mi abuelo una tarde mientras merendábamos en la cocina. No recuerdo haber dejado de masticar ni un segundo. El día del entierro, al que no asistimos porque era un largo viaje por carreteras de montaña, intenté sentirme mal, pero ni siquiera se me enrojecieron los ojos. Fue entonces cuando tuve conciencia de que yo sólo lloraba por mí y por mi hermana, y bastante a menudo. Mi hermana no lloraba nunca. Pensaba que el resto del mundo no merecía mis lágrimas.
[…]
Unos meses más tarde hubo otro muerto. De nuevo estábamos en la cocina de mi casa, un rato antes de comer, mientras esperábamos que mis padres llegaran de la tienda. Acabábamos de llegar del colegio y Matilde nos había dado un trozo de pan para mitigar el hambre de toda la mañana en el colegio, cuando oímos en la radio que Nino Bravo se había matado en un accidente de coche. Escupí el bolo de pan que llevaba en la boca y me eché a llorar desconsoladamente en cuanto Matilde repitió la noticia, que tuve que aceptar como cierta. Me sentí entonces muy triste y al mismo tiempo muy feliz. Por fin podía llorar por otros, y me demostraba que era humana al fin y al cabo. Era el año 1973
.”

Cristina Grande, Naturaleza infiel, RBA.

sábado, 10 de noviembre de 2007

El fumador pasivo, de Daniel Gascón

El primer libro que leí de Daniel Gascón fue La edad del pavo; yo no confiaba mucho en este libro, pero la insistencia de mi hermano fue tal que no tuve más remedio que ceder. Entonces sólo sabía que Daniel Gascón era de Zaragoza y había estudiado Filología Hispánica e Inglesa en mi universidad. Los relatos de éste, su primer libro, le convirtieron ya en uno de mis escritores favoritos; pero esto no se confirmó hasta que leí El fumador pasivo, su segundo libro, que consta de cinco relatos diferentes. En el primer relato, La generación perdida, me dejé llevar por las historias de Jorge, un estudiante universitario y sus andanzas por la Universidad de Zaragoza, con las que se me escapaba una sonrisa cada vez que nombraba un lugar conocido o contaba algunas anécdotas ocurridas allí. Ya en la primera página me resultó curiosa su descripción del edificio Interfacultades:

"Fui a la primera clase para comprobar esos datos: era en un aula destartalada en el último piso del Inter, un edificio prefabricado que olía a meados y café de máquina. La calefacción estaba siempre estropeada; en verano hacía un calor terrible. El único esfuerzo en infraestructura de la universidad había sido colocar barrotes en las ventanas, después de que una chica pelirroja saltase al vacío una mañana de invierno."


En el segundo relato, Mudanza, la relación entre el protagonista y su tío durante una mudanza; el tercer relato, Los extranjeros, narra la historia de unos estudiantes durante su estancia en Inglaterra con una beca Erasmus, y cómo Jorge trabaja de figurante en ruedas de reconocimiento para la policía de Norwich. En el cuarto relato, Lara y las otras, cuenta la historia de Jorge con su novia, Lara, en el momento en el que está pensando en terminar la relación con ella. De la misma forma, cuenta historias que ha vivido con otras chicas, tanto a lo largo de su vida, como durante la relación con Lara. Por último, el relato con el que termina el libro es El abuelo, y narra la historia de un joven y de su abuelo, un hombre a punto de morir. El protagonista recuerda entonces los felices momentos que ha vivido junto a su abuelo.


Cada uno de estos relatos, contados con frescura, hicieron de El fumador pasivo uno de mis libros favoritos, y de mí una gran admiradora de su autor, Daniel Gascón.